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Cómo armo una galería: del paseo con cámara a la serie final

Un recorrido por el proceso real detrás de cada galería de la revista: cómo elijo qué fotografiar, cuánto camino, cómo descarto imágenes y cómo ordeno una serie sobre ventanas y muros.

Camila Rojas Fuentealba

5 min de lectura

Cómo armo una galería: del paseo con cámara a la serie final

Todo parte de una caminata sin apuro

Una galería casi nunca nace en el escritorio. Nace en una caminata larga, con la cámara colgada y sin una idea cerrada de lo que voy a encontrar. Salgo con un tema flojo, por ejemplo ventanas de pasajes o puertas de calle, y dejo que la calle corrija mi plan. Muchas veces el tema que imaginé se desarma a los diez minutos y aparece otro mejor: un muro con tres capas de pintura distintas, una reja soldada a mano al lado de otra comprada hecha.

Prefiero las mañanas de primavera temprana, cuando la luz entra baja y marca las texturas sin quemar los blancos. Camino en una sola dirección, sin volver sobre mis pasos, porque si regreso empiezo a fotografiar lo que ya decidí que me gusta y pierdo la sorpresa. Llevo una libreta donde anoto la calle y la orientación del muro, no para presumir, sino para no confundir después una fachada con otra.

Qué miro antes de levantar la cámara

Mi formación como arquitecta me hace mirar primero cómo está hecho lo que veo. Antes de encuadrar, me pregunto de qué material es el muro, cómo se une con la ventana, dónde el agua ha dejado su huella. Esa lectura técnica evita que la galería sea solo un catálogo de cosas viejas y la convierte en una observación sobre cómo envejecen las construcciones cotidianas.

También miro el contraste con lo vecino. Una puerta nueva de aluminio junto a una de madera tallada, un antepecho reparado con cemento al lado de uno original. Esos choques entre construcciones contiguas son lo que más me interesa y lo que da sentido a una serie. Una imagen aislada puede ser bonita; dos casas pegadas que cuentan épocas distintas ya dicen algo sobre el barrio.

  • Material y estado del muro o la carpintería
  • Huellas de agua, óxido o reparaciones previas
  • Contraste con la construcción de al lado
  • Luz disponible y desde dónde se puede encuadrar

Fotografiar con respeto por quienes viven ahí

Las ventanas y puertas que fotografío pertenecen a casas habitadas. Por eso trabajo desde la vereda, sin cruzar rejas ni asomarme a patios, y evito encuadres donde se vea el interior o a personas. Si alguien sale a la puerta mientras fotografío, saludo, explico para qué es y, si prefiere que no aparezca su casa, borro la imagen en el momento. Ha pasado pocas veces, y siempre ha sido simple.

Tampoco escribo nada que la fotografía no sostenga. Si un muro luce descascarado, digo que luce descascarado; no afirmo desde cuándo ni por qué, ni juzgo a quien lo habita. Las galerías muestran lo que se ve desde la calle, que es lo que cualquier vecino también ve, y eso marca el tono de todo el trabajo.

La selección: de cientos de fotos a pocas

Después de una salida suelo volver con varios cientos de imágenes. La primera pasada la hago esa misma noche, sin mirar los detalles: marco solo lo que me detiene. Al día siguiente repito con ojos más frescos y descarto lo que ya no me dice nada. Lo que sobrevive a dos revisiones suele ser una veintena, y de ahí salen las ocho o diez que realmente entran a la galería.

El criterio principal es que cada foto aporte algo distinto. Si dos ventanas me muestran lo mismo, dejo la más clara. Busco variedad de escala, un plano general del muro, un detalle de la manilla, una vista oblicua que muestre el relieve del revoque. También descarto las fotos técnicamente perfectas pero vacías, porque una serie necesita ritmo y no solo corrección.

  • Primera pasada la misma noche, sin zoom
  • Segunda pasada al día siguiente, más severa
  • Una sola imagen por idea visual repetida

Ordenar la serie y escribir los pies de foto

El orden cambia el sentido de una galería. Pruebo varias secuencias, a veces imprimiendo miniaturas y moviéndolas sobre la mesa, hasta que una imagen lleve naturalmente a la siguiente por color, forma o tema. Suelo abrir con una vista amplia que sitúe al lector y cerrar con un detalle pequeño que deje una pausa, como una cerradura o una grieta fina.

Los pies de foto son breves y descriptivos: qué se ve, en qué tipo de construcción y qué material o detalle llama la atención. Evito adjetivos grandilocuentes y cualquier dato que no pueda comprobar con la propia imagen. Prefiero que el lector mire con calma y saque sus conclusiones, igual que cuando uno se detiene frente a un muro en la calle.

Lo que no se ve: edición, color y paciencia

El revelado es sobrio. Corrijo exposición, enderezo verticales que la lente deformó y ajusto el balance de blancos para que el color del muro se parezca al que vi. No retoco grietas ni manchas, ni limpio cables o carteles, porque eso falsearía el documento. Si algo estorba en el encuadre, cambio de ángulo o descarto la foto.

Cada galería me toma varios días entre salida, selección, edición y texto, aunque en pantalla se recorra en dos minutos. Es un trabajo lento y casi artesanal, y creo que se nota en el resultado: menos fotos, mejor pensadas, con una mirada que prefiere entender antes que sorprender.

Una galería de Cal y Canto es el resultado de caminar, mirar con criterio de arquitecta, descartar mucho y ordenar con cuidado. No hay trucos: solo luz de la mañana, respeto por quienes viven en esas casas y el deseo de que un muro desgastado se entienda mejor cuando se lo mira de cerca.

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